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Sub 35: Julia Etulain, una de las jovenes que puede cambiar la ciencia

12.03.2018
La doctora Etulain gano en 2015 el reconocimiento nacional de la Fundacion L'Oreal-Unesco que le permitio aplicar al galardon internacional. Estuvo una semana en Paris con las otras catorce promesas y cinco cientificas laureadas por su trayectoria. "El premio me parece una cruzada noble. Somos minoria. Solo tres por ciento de las mujeres son Premio Nobel en ciencia. Es una problematica que existe y el Premio lleva al debate. Se suma a la cruzada de otras movidas que buscan reivindicar el rol de la mujer."

Pisar cada uno de los escalones que la acercaban al altillo fue, para Julia Etulain (1984), un impulso que la acercó, desde chica, a la ciencia. En esa suerte de casa del árbol estaba la colección completa de la revista Muy Interesante. Más adelante, posó su interés en la rama de las ciencias biológicas, motivada por una buena profesora que tuvo en el secundario, y por un episodio familiar que la marcó: su padre tuvo una enfermedad prolongada y murió cuando ella tenía once años. Junto a sus hermanos, forma parte de la primera generación de profesionales universitarios de la familia, oriunda de Adrogué. En 2017, ella vivió un momento bisagra, de esos que dan un nuevo aliento: el premio The L'Oréal-UNESCO For Women in Science International Rising Talents, a partir de investigaciones sobre el PRP (plasma rico en plaquetas). El reconocimiento, que incentiva a científicas menores de 35 años para que continúen sus carreras, todavía moviliza a Julia. "Me trajo revoluciones internas. Me hizo replantear muchas cosas, tanto buenas como malas. Aprendí a valorarme más y también acercó a muchos médicos a nosotros. Mi trabajo se visibilizó. Me convocaron a muchos sitios que en su momento había intentado ingresar y no me habían dado bola. Siento que gané un lugar".

Un poco por la inquietud constante y otro tanto por la fascinación primigenia frente a las incertidumbres, tanto Marie Curie como la geobióloga Hope Jahren han emparentado el trabajo en el laboratorio con la niñez. "Para mí, trabajar en un laboratorio es un acertijo -dice Julia-. Me divierten los juegos que tengan que ver con cuestiones de lógica. Estás todo el tiempo pensando en hipótesis de cosas que podés probar. Pero también es un trabajo muy planificado, porque es una forma de ahorrar tiempo y dinero. Hacer ciencia es caro". Su rutina comienza bien temprano, se levanta a las seis y de Remedios de Escalada va al Instituto de Medicina Experimental del Conicet, que forma parte de la Academia Nacional de Medicina. No siempre está focalizada en las pipetas, también gran parte de su tiempo es analítico, en la redacción de distintos informes y avances. El proyecto de los PRP fue la entrada a la carrera en el Conicet, la aplicación de su doctorado en Hematología. Pese a eso, Julia confiesa que le baja la presión cuando ve a la persona sacándose sangre: "Para mí, la sangre en un tubo es un líquido rojo. Le tengo respeto, por todo lo que puede transmitir".

A modo simplificado, los PRP constituyen un protocolo regenerativo que se obtiene sacando sangre, que luego se centrifuga y eso permite regenerar células y tejidos. Pese a que se usa desde hace treinta años, la principal barrera es que se trata de un procedimiento empírico, no estandarizado. Por lo tanto, hay controversias, no hay consenso en cómo se prepara ni un nivel multiinstitucional que demuestre su funcionamiento. "Lo que hicimos en el laboratorio fue proponer un método para optimizar la preparación, de una manera sencilla y con la idea de que ese protocolo se puede hacer en la clínica y, que con estos experimentos se puedan responder preguntas que hoy en la clínica no se saben".

Julia destaca también que se trata de un laboratorio de investigación básica y que los resultados pueden llevar años en llegar a los pacientes. A la hora de enumerar las principales ventajas del PRP, elige la simpleza y la economía: "Comparado con otras terapias regenerativas, el PRP es un método más simple y económico, porque requiere de menos tiempo y equipamiento para su aplicación. Esto permite que más lugares puedan acceder a estos protocolos, algo que con otros procedimientos regenerativos, incluyendo a las células madre, no sucede. La desventaja es que, precisamente porque más lugares acceden a estos protocolos, la calidad y manipulación del PRP no siempre es controlada, lo que puede llevar a efectos adversos, incluyendo la transmisión de enfermedades que están en la sangre". La doctora Etulain ganó en 2015 el reconocimiento nacional de la Fundación L'Oréal-Unesco que le permitió aplicar al galardón internacional. Estuvo una semana en París con las otras catorce promesas y cinco científicas laureadas por su trayectoria. "El premio me parece una cruzada noble. Somos minoría. Solo tres por ciento de las mujeres son Premio Nobel en ciencia. Es una problemática que existe y el Premio lleva al debate. Se suma a la cruzada de otras movidas que buscan reivindicar el rol de la mujer." En París, no hubo respiro: tuvo coachings de todo tipo, como oratoria y negociación: "Nos enfrentó a cosas que los científicos no estamos acostumbrados. Nos preguntaron si teníamos tarjetas de presentación. Todas nos miramos. Ahí entendimos que somos agentes sociables que tenemos que empezar a conseguir dinero para que nos financien. A los científicos no nos enseñan esa parte, de vinculación y de negociación".

Formada en la universidad pública y asistente en el Conicet, entiende que es relevante el rol de Estado en el desarrollo y la promoción de la ciencia, pero admite que no es suficiente, que los aportes económicos de empresas privadas son necesarios. "Más allá del vínculo con los privados, en otros países se nota más la relación entre el científico y los médicos. Acá está bastante desacoplado; sería muy valioso que se sumen más médicos al staff de los laboratorios de investigación básica", afirma. Como referente, ella elige a Alexandra Elbakyan, una graduada en computación de Kazajistán, tan joven como ella. Creadora del sitio colaborativo Sci-Hub, Alexandra fue elegida en 2015 por la revista Nature como una de las diez personas más influyentes en el mundo de las ciencias. "Ella hizo doctorado y se dio cuenta de que no podía acceder a las revistas. Es una realidad: querés un paper científico y tenés que pagar como mínimo 15 dólares. Es imposible. Si pensás en la cantidad de papers que leemos, te das cuenta de que la ciencia es para ricos. Ella revolucionó la ciencia. Armó una especie de comunidad donde los estudiantes, que gracias a sus universidades pueden acceder a las revistas que quieran, donaron contraseñas en forma anónima. Entonces vos podés consultar el paper que necesites. Fue denunciada por un grupo editorial, y si bien está prófuga de la ley, otras editoriales comenzaron a poner su acceso abierto. De a poco, fue cambiando la mentalidad".

  • 1984. Nace en Temperley, el 4 de marzo (tiene 34años)
  • 2013. Termina el doctorado en Hematología; de 2014 a 2016 hará el posdoctorado
  • 2017. Recibe el premio The L'Oréal-UNESCO For Women in Science International Rising Talents

Producción: Dolores Saavedra

Asistente de producción: Tomás Brugués

Agradecimiento a Manifesto por la silla Moon Dining de la tapa (www.manifestoweb.com)

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