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PLATOS SUCIOS

06.11.2016
En la Argentina seis de cada diez becarixs del Conicet son mujeres. Las investigadoras aumentaron un 171 por ciento desde 2003 hasta 2014 en un enorme avance para el impulso del desarrollo nacional con inclusión de género. También los estudios académicos sobre feminismo y diversidad fueron fomentados por la inversión pública. La gran deuda es que la mayoría femenina se da al comienzo de la carrera pero se invierte y se convierte en coto masculino cuando se trata de llegar a puestos jerárquicos y bien pagos y sólo quedan un 25 por ciento de mujeres. Pero, ahora, con una reducción del presupuesto en ciencia de más de 3 mil millones se avizora un panorama de retraso que critican y advierten científicas y universitarias.

En 1994 la investigadora Susana Torrado enfrentó al ex ministro de Economía Domingo Cavallo que la mandó a ella y a los científicos “a lavar los platos”. El lugar de fregar los restos de la comida es el rincón de penitencia para las mujeres que se animan a manejar o a investigar. No es una tarea menor, sino que está minimizada. Y qué vuelve a levantar burbujas de protesta con un anuncio de la reducción en la inversión científica de más de 3 mil millones de pesos. Los menores fondos para la investigación reducen el desarrollo nacional y la capacidad de crecer en la carrera de laboratorio o de biblioteca. Y, en verdad, pueden confinar a trabajos precarizados o al ostracismo de la cocina a nuevas generaciones de estudiantes o a congelar las ambiciones de las más grandes.

Actualmente el 60 por ciento de lxs 11.444 becarios del Conicet son mujeres. Por lo tanto, si a partir de ahora, pueden ingresar menos profesionales, las mujeres van a tener menos posibilidades de trabajar. Y si se quedan afuera el mercado laboral las espera con mayor hostilidad que a otro biológo, físico, sociológo o historiador: mayor desempleo, mayor sub ocupación e impuesto al género con una brecha salarial del 27 por ciento.

Mientras que el 53 por ciento (la mitad más tres, en términos futbolísticos, ya sería bastante) de lxs 9.668 integrantes de la carrera de investigador del Conicet son científicas. El desafío es avanzar para que las mujere no estén solo en la bandera de largada sino que también lleguen a la meta y logren superar todos los obstáculos profesionales y personales que intentan arrasar con la vida laboral de las trabajadoras. Pero, si el presupuesto para ciencia retrocede, uno de los problemas es que también retroceda la igualdad de género.

Hasta ahora se vivió una etapa de crecimiento. El juego de María La Paz, un paso para atrás, es divertido para saltar en la vereda. Pero para volver a buscar avisos clasificados con ofertas que ya no existen, despedir con valijas a quienes quieren crecer o pagar el alquiler o desalentar a las jóvenes a que pueden explorar sobre las tendencias sociales o los medicamentos de desarrollo local la marcha atrás es pésima señal.

Desde 2003 hasta 2014 el incremento de mujeres investigadoras fue del 171 por ciento. Y hasta el 2014 el 52 por ciento de sus 8.508 integrantes eran mujeres. No siempre las comparaciones son odiosas: en el 2007 había 5.047 investigadores/as (casi la mitad que en la actualidad) y el 47 por ciento eran mujeres. En el 2003 la posibilidad de explorar, leer, preguntar o experimentar era muy reducido. Sólo había 3.687 investigadores/as (casi un tercio que una década y algo más después) y menos de la mitad –el 47 por ciento– eran científicas, según datos de una investigación de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (RAGCyT). En el 2015 se siguió creciendo con un 53 por ciento de mujeres sobre 9.668 investigadores, según datos del Conicet a los que tuvo acceso Las/12.

Entre las más jóvenes el salto fue todavía mayor. La inversión en ciencia implicó que el número de becarios creciera en un 326 por ciento entre el 2003 y el 2014. Y que seis de cada diez principiantes fuesen señoritas científicas. Actualmente se mantiene la mayoría femenina con 6.883 entre 11.444 becarios. Otra llama positiva que no debe apagarse es que la ciencia tuvo una renovación generacional y abrió sus puertas a la juventud maravillosa. En el 2007 el promedio de edad de los y las investigadores/as de Conicet era de 48.5 años. En cambio, en el 2014, ya llegaban a ese rango muchachos y muchachas de 45.5 años.

A pesar de los logros la gran deuda pasada, presente y latente es el techo de cristal ( o los clavos a los pies de las mujeres cuando tienen que cuidar a sus hijos e hijas o a sus padres o madres, o sufren acoso o violencia en laboratorios u hostigamiento en territorios descampados y machistas) pero la discriminación es clara. Empiezan más mujeres que varones cuando el sueldo es bajo y las responsabilidades son de principiantes y terminan más varones que mujeres cuando el sueldo y el poder son altos. “La creciente presencia de mujeres sobre el total de investigadores/as muestra importantes diferencias según las categorías de la carrera de Investigador/a Científico/a. Mientras que las mujeres constituyen una clara mayoría en las etapas iniciales de la carrera (asistentes y adjuntos/as), su presencia disminuye sistemáticamente en la medida que se progresa en la carrera, hasta el punto que constituyen apenas el 25 por ciento de los investigadores/as superiores, el tope de la carrera”, remarca la química Ana Franchi, Investigadora del Conicet, directora del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (Cefybo)y presidenta de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (RAGCyT).

EL TECHO DE CRISTAL NO SE TOCA

“Que no se (re)corte”, pide Agostina Mileo, master en Comunicación Científica, Médica y Ambiental y Doctoranda en Historia y Epistemología de la Ciencia (UNTREF), pero –más pop que sus títulos– “La Barbie Científica” en redes sociales. Ella destaca: “Las diferencias por género no parecen estar a la hora de elegir postulantes a becas para comenzar la carrera, pero sí para retener o promover investigadores. El problema es que estas diferencias no son explícitas. No es que Conicet evalúa las solicitudes a cargos superiores y dice “mejor no se lo demos a esta que es mujer” (o al menos queremos creer que no). El problema es que no instrumenta herramientas para la contención y permanencia de esas mujeres y, cuando un grupo está en desventaja a priori, no hacer no es sólo permanecer indiferente, es también decidir no incluirlo. En contextos de recorte, la posibilidad de hacer se anula”.

¿Cuál es el contexto de recorte?: “La función ciencia y técnica (CyT) pasó de significar un 1,53 por ciento del presupuesto 2016 a un 1,34 por ciento del presupuesto 2017 en la propuesta del Poder Ejecutivo Nacional (con una reducción de 4.400 millones). Con el refuerzo aprobado en el dictamen de mayoría de la comisión de presupueto de diputados la ciencia llegaría a 1,40 por ciento del presupuesto con lo que el recorte sería aun de $ 3.068 millones. Mientras que el Plan Nacional de Ciencia , Tecnología e Innovación: Argentina Innovadora 2020 apuntaba a crecer y ahora se reduce el presupuesto”, grafica el físico Jorge Aliaga, ex Decano de Ciencias Exactas y Subsecretario de Evaluación Institucional del Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Con menos dinero, el techo de cristal se va a cristalizar más y romper menos. La investigadora del Conicet Andrea Bragas y Directora Adjunta del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA subraya: “El Conicet tiene una pirámide impresionante. Se pierden mujeres en el desarrollo de la carrera científica. Ese patrón, a pesar de la acciones positiva, no se pudo revertir. Pero ahora que se pone en duda que recibamos los fondos para realizar nuestras investigaciones vamos a estar pensando en salvar los trapos en vez de una política que nivele los desniveles históricos que tenemos entre varones y mujeres”.

La anunciada disminución del presupuesto para ciencia y tecnología puede tener un doble impacto negativo: “La disminución del presupuesto 2017 para ciencia y técnica, cercana a los 3100 millones de pesos, afectará el ingreso y la permanencia de los jóvenes en el sistema de ciencia y tecnología. El retraso de los ingresos de los becarios a la carrera del investigador, implica que no tengan todos los beneficios de los trabajadores en relación de dependencia, como, por ejemplo, el reintegro de gastos de guardería afectando esta situación más a las mujeres que a los varones. Por otro lado, el retraso salarial que ya se siente, puede llevar a un retiro progresivo de los varones y un proceso de feminización paralelo a la pauperización de los ingresos”, advierte Franchi.

La decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA Graciela Morgade e integrante de Científicos y Universitarios Autoconvocados (CyUA) apunta: “Hay dos procesos de las políticas de ajuste que no solo restringen derechos sino que afectan a las mujeres en particular. Son el desempleo y la reducción presupuestaria en educación y ciencia porque sólo con políticas de promoción sostenidas en instituciones públicas más mujeres obtienen becas o cargos y entran a campos científicos menos tradicionalmente femeninos y rompen el techo de cristal en la dirección de proyectos”.

En la Argentina hubo veintitrés ganadoras de becas, menciones o premios de la iniciativa “ Por las mujeres en la ciencia”, realizado por L’Oréal-Unesco en 112 países incluido la Argentina. Adriana Serquis es doctora en Física y ganó el Premio Nacional L’Oreal-Unesco en 2014. Trabaja en el Centro Atómico de Bariloche y se dedica a estudiar las aplicaciones tecnológicas en energías limpias, por ejemplo, en celdas de combustible que convierten energía química en eléctrica. Ella previene: “Si bien el recorte para la ciencia no hace diferencia de género formalmente muchos de los prejuicio sociales sobre que los mejores científicos siempre son considerados hombres puede hacer que en épocas de vacas flacas se empiece a dejar de lado sutilmente a mujeres, sobre todo, en cuestiones de ascenso a cargos de mayor jerarquía”.

La Barbie Científica arremete a un prejuicio estructural y que hace eco en quienes hacen eco de la ciencia: “Los puestos jerárquicos del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MinCyT) están ocupados en su mayoría por varones y de los cincuenta comunicadores científicos más seguidos en Twitter solo cuatro son mujeres. Cuesta creer en la equidad cuando las mujeres no gestionan la ciencia ni hablan de ella. Además del desmedro de la calidad cultural, el recorte representa la imposibilidad de luchar por condiciones de trabajo igualitario en el campo científico tecnológico. Es una manera más de no hacer de la agenda de las mujeres una prioridad. Es, directamente, pintarnos de negro el techo de cristal”.

UN TERREMOTO QUE NADIE PALPITA

Cada vez más lejos del mundo, cada vez proyectos más chicos. Valeria Levi es doctora en Química, investigadora del Conicet y directora del Laboratorio de Dinámica Intracelular en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Ella cuenta que no hay investigación posible sin fondos para investigar: “Mi trabajo necesita tantos recursos materiales (equipamientos, reactivos, etc) como humanos. La disminución en el presupuesto esta afectando las dos cosas. Tanto los equipos como los reactivos son, en su inmensa mayoría, importados así que con la devaluación del año pasado disminuimos la capacidad de compra y esto hace que lo que uno pueda investigar, explorar e imaginar sea cada vez más chiquito y alejado de la ciencia que se hace en el resto del mundo. Nos vamos a aislar cada vez del resto del mundo científico”.

Patricia Alvarado es Geofísica y es directora del Grupo Sismotectónica del Centro de Investigaciones de la Geosfera y Biosfera (Cigeobio), de San Juan y ganó el premio L’Oréal-Unesco en el 2012. Igual que Valeria ella marca que no se acompaña la investigación, sino que se reducen las ambiciones y potenciales de las científicas nacionales. Patricia señala que la falta de presupuesto –que no es sólo una noticia de último momento– implica menos posibilidades de medir como se nos mueve el piso. O sea: de prever terremotos por escasez de inversión. “La falta de presupuesto se nota en una falta de equipamiento científico sismológico, poca a escasa participación argentina en reuniones científicas. Los países vecinos (Chile, Brasil, Perú, Venezuela, Ecuador) sí asisten para la toma de decisiones y planificación de propuestas regionales de investigación conjuntas. La falta de presupuesto redunda en proyectos de investigación de poca calidad o en objetivos pequeños sin poder animarnos a intentar la “big picture” en materia científica”.

EL GENERO DE LA CIENCIA, LA CIENCIA DEL GENERO

La menor investigación en ciencia afecta a la ciencia y a las mujeres científicas. Pero, además, afecta la investigación en género. Y eso, también afecta, a todas las mujeres. “En los últimos diez años hubo un avance real y palpable con más mujeres en el sistema científico, con más derechos y con más previsibilidad. Por ejemplo, con el reconocimiento a la licencia de maternidad para que las mujeres puedan permanecer en el sistema. También hubo un crecimiento vertiginoso en estudios de género que antes eran temas muy marginados y, en estos años, contribuyeron a formar ciudadanía en temas como la violencia hacía las mujeres”, rescata Carolina Mera, directora del Instituto de Investigaciones Gino Germani y doctora en Antropología Social y Etnología Urbana. Ella estima que el ajuste va a impactar en la producción de las mujeres investigadoras y en las investigaciones con enfoques de género que se vienen produciendo y que ahora se verían perjudicados. “La disminución de ingresos de investigadores al Conicet va a implicar que entren menos investigadoras. Pero, además, hay mucha incertidumbre. No se sabe cuántos ingresos va a haber el año que viene, ni cuántas mujeres van a entrar, también la disminución de los salarios toca a las mujeres. Y, en general, las mujeres son las que planifican su maternidad. Este cambio en las reglas, y no solo en el ajuste, tiene impacto negativo en la presencia de mujeres investigadoras y en su producción”.

“La inversión en ciencia permitió la investigación en la Ciencias Sociales y los estudios en géneros y sexualidades. A principios de los 2.000 estos temas no aparecían con frecuencia en la investigación científica argentina ni en los programas curriculares de las carreras universitarias (y quienes trabajaban por insertarlos debían luchar contra molinos de viento). Si bien queda mucho por hacer, hoy no sólo existen becas, proyectos de investigación, materias e incluso posgrados dedicados a la temática sino un colectivo de estudiantes que reclama de manera sostenida el derecho a formarse en estas áreas. El trabajo que el movimiento de mujeres y diversidad sexual lleva adelante de manera sostenida hace décadas en la Argentina hizo sinergia con un colectivo de investigaciones financiadas por Conicet que habilitaron que las discusiones sobre los derechos de las mujeres, la violencia de género y la diversidad sexual. incluso en la masividad de las convocatorias del Ni Una Menos puede leerse la sinergia entre el potente movimiento feminista y el financiamiento de la academia en estos temas durante los últimos años. Un recorte en los recursos destinados a la ciencia significaría el desarme del impulso transformador”, avizora Carolina Spataro, investigadora del Conicet en el Instituto de Investigaciones Gino Germani.

Spataro coordina el Programa de Actualización en Comunicación, Géneros y Sexualidades (Pacges) junto a Carolina Justo von Lurzer que, también, reivindica: “Comprender la vida social, las relaciones y las prácticas cotidianas fue un insumo concreto para la formulación de políticas públicas. Investigo sobre televisión y género. En los últimos años se produjeron enormes avances de derechos en ambos terrenos. De diciembre a esta parte suspendieron la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El gobierno argumenta por qué mi investigación ya no tiene sentido; nosotras/os argumentamos por qué la investigación es más necesaria que nunca”.

Gabriela Seghezzo es licenciada en Ciencia Política y doctora en Ciencias Sociales, trabaja temas vinculados a construcción social de Inseguridad y es integrante de Científicos y Universitarios Autoconvocados y del Instituto de Investigaciones Gino Germani: “El macrismo había dicho que iba a subir el presupuesto y lo disminuyó. El recorte educativo impacta en sectores populares y el recorte en la carrera de investigador va a generar menos ingresos, menos becas y menos subsidios. El ministro de Ciencia y Técnica (Lino) Barañao dijo que se iba a compensar estas reducciones con créditos internacionales. La lluvia de inversiones no llegó en el segundo semestre. Y no está bueno atar la ciencia a un contexto de endeudamiento. La clave para leer este proceso es que un país soberano no puede tener una ciencia dependiente y si tenés una ciencia dependiente no tenés un país soberano”.

 

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