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Las primeras químicas

28.11.2017
La inclusión de la mujer en los ámbitos reservados tradicionalmente a los hombres ha sido un proceso largo y trabajoso, que aún continúa desarrollándose. La ciencia no ha sido ni es la excepción, ya que la discriminación de género está presente en todos los campos y niveles sociales, en forma más o menos explícita. En este número "La Ménsula" rescata las historias de algunas graduadas, pioneras como mujeres profesionales en la industria química que abrieron el camino para muchas otras que ocuparon esas funciones en las décadas siguientes.

La química ocupó un papel determinante en la segunda revolución industrial y para impulsar su estudio en nuestro país, en 1896 se creó la primera carrera para acceder al título de Doctor en Química que incluía cuatro años de estudio y la presentación de un trabajo de tesis. Su objetivo era “acreditar debida y eficazmente la competencia de los llamados a desempeñar las importantes funciones de peritos químicos en las múltiples aplicaciones que tiene hoy tan importante rama de la ciencia en nuestra ya creciente industria nacional”.
En 1901 egresó el primer graduado, Enrique Herrero Ducloux, que fue luego decano de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de la Plata, y los que lo siguieron en esos primeros años fueron exclusivamente varones. Pero esta situación no duró mucho, ya que en 1906 Delfina Molina y Vedia (1879-1961) obtuvo su título de Doctora en Química, constituyéndose en la primera egresada mujer de nuestra Facultad, 35 años después de la primera camada de graduados del Departamento de Ciencias Exactas, todos ellos ingenieros.
Delfina Molina y Vedia era sobrina de Luis A. Huergo, primer ingeniero egresado en 1870, que fue decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y
Naturales y autor de importantes proyectos de ingeniería, fundamentalmente vinculados con nuestros puertos.
“Delfina ingresó a la carrera de química aunque estaba interesada en el arte, pues buscaba relaciones entre ambas disciplinas, vinculadas según ella por
la creación y el pensamiento abstracto”, comenta su nieto, el arquitecto Juan Molina y Vedia.
“En una reunión social, Atanasio Quiroga, profesor de química en la Facultad de Ciencias, convenció a Delfina para que estudiara química en lugar de filosofía, que había sido su primera opción. Ella hizo la carrera en tres años, adelantando materias antes y después de su primer viaje a Europa, donde estuvo casi año y medio (1902- 1903) para estudiar pintura”, recuerda el nieto de la primera graduada en la entrevista realizada por miembros del Programa de Historia de la FCEyN.
Luego de graduarse, Delfina Molina y Vedia desarrolló su vocación por el camino del arte, la filosofía y la enseñanza. Alcanzó una importante producción en el campo de las artes plásticas, la literatura y el canto lírico.
Escribió varios libros y en uno de ellos, A redrotiempo, relató sus memorias dedicándole un capítulo a los años en la Facultad.
Algunos de sus párrafos (ver la sección “Documentos”) nos permiten vislumbrar la particular situación de una aristocrática mujer en un ámbito reservado tradicionalmente para los hombres. 

Para leer el articulo completo, ingresar al siguiente link:

http://www.fcen.uba.ar/segb/historia/lamensula/La_mensula%5B8%5D.pdf

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