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Experiencia Colectiva

16.03.2020
Parten de intereses comunes y van en busca de conquistas extraordinarias. Porque armar alianzas es de las mejores estrategias femeninas y feministas.

Es un hecho que las mujeres armamos colectivos, comunidades, grupos de mensajería, para avanzar y contenernos unas a otras. Redes, alianzas fundamentales que derriben las vallas de una estructura patriarcal que se impone en cada estamento de la sociedad. La hermandad de género demostró haber sido un músculo imbatible para iniciar movimientos –como el #NiUnaMenos o el #MeToo– que denuncian y buscan combatir, entre otras inequidades, la violencia de género y sexual, el acoso y el abuso de poder.

Gracias a esta forma de construcción social femenina –y feminista–, y con el envión de las redes sociales, surgieron en los últimos años colectivos que unieron sus voces, como #AhoraQueNosVen. Actrices, periodistas, científicas, economistas, deportistas, cirujanas, publicitarias, profesionales de informática y, más recientemente, “mujeres gobernando”, grupo del actual Poder Ejecutivo Nacional, donde por supuesto no faltan integrantes del primer Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. Uno de sus ejes: transformar “la manera misma en la que se ejerce el poder”, según declaró una de sus integrantes. Porque saben Por PATRICIA SURANO Foto MARTINA PEROSA PARA MU que es muy difícil que las mujeres puedan o quieran acceder a cargos de conducción política si eso implica “reventar la vida privada” (sic). “No todas pueden reunirse desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche –afirmó Cecilia Todesca, vicejefa de Gabinete del gobierno nacional–. Para las que tenemos familia, eso supone que tiene que haber alguien más que se ocupe de todo lo familiar”.

Pionera en perspectiva de género, la neurocientífica Silvia Kochen es una de las fundadoras en 1994 de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (Ragcyt), junto a la investigadora Ana María Franchi, flamante presidenta del directorio del Conicet, y la doctora en Filosofía Diana Maffía. “La red se constituyó a partir de la Conferencia de Beijing. Lo primero que quisimos saber fue qué pasaba con las mujeres en el Conicet. Como no había datos discriminados por sexo, usamos un artilugio: cada nombre del listado de integrantes del consejo tenía el CUIT, el de los hombres comenzaba en 20 y el de las mujeres en 27; entonces creamos una base de datos y supimos cuántas éramos, posiciones, rangos y disciplinas. Y de manera dura y pura nos enteramos que 42 replicábamos la famosa tijera de otras partes del mundo: en las categorías más bajas, había mayoría y a medida que se avanzaba en la carrera, se cortaba, se invertía la proporción y los hombres pasaban a tener un predominio absoluto”, explica Kochen, también directora de la Unidad Ejecutora de Estudios en Neurociencia y Sistemas Complejos. Visibilizar esta situación fue un camino de ida, porque al demostrarla, deja de ser una percepción y pasa a ser una política pública. A partir de este registro, Ragcyt impulsó el pedido de medidas de discriminación positivas. “Tuvimos un apoyo muy importante con la incorporación de Dora Barrancos al directorio del consejo –aporta Kochen–. Logramos que se contemplen la licencia por maternidad para las becarias y la extensión de los tiempos de entregas de informes y tesis para investigadoras que habían sido madres recientemente. También vimos –esto es un análisis que aún no publicamos– que a igual posición hay más varones casados con hijos que mujeres. Eso pone de relieve que no hay una elección ahí: una investigadora sabe que si va a tener un hijo, la esperan más dificultades y que no siempre hay un hombre que acompaña”.

Las intelectuales feministas hablan de la apropiación del espacio público atribuido a los hombres para hacernos visibles. Ese fue el camino elegido por las médicas que crearon Cirujanas Argentinas en 2019. “La perspectiva de género nos permitió primero tomar conciencia y después organizarnos. ¿Qué hacíamos antes? Nada. Algunas se ‘masculinizaban’ por estar en un ámbito 80% masculino. Otras dejaron la cirugía o buscaron especialidades donde prima el ámbito femenino, como obstetricia y ginecología. Ya no sucede que no puedas ingresar a la carrera porque la proporción de mujeres que se reciben en Medicina es 70-30. Mis colegas varones me dicen: ‘¿Pero si siempre te dejamos operar?’ –cuenta Verónica Garay, secretaria general de la asociación, cirujana del Hospital Argerich y docente de la UBA–. No me quejo de eso sino de que nunca puedo ser presidenta de una asociación, expositora en un congreso o titular de cátedra aun con 20 años de especialidad”.

La tecnología era la esperanza de igualar el terreno, pero pronto se volvió una falacia. El mismísimo Silicon Valley se convirtió en un hervidero de denuncias. La periodista de Bloomberg TV, Emily Chang, fue una de las que en 2018 pinchó el globo con su libro Brotopia (‘bro’ de brothers), revelando que el networking se hacía en las casas de los CEO en medio de fiestas orgiásticas y que los negocios se cerraban en clubs de strippers. Virginia Barros es licenciada en Sistemas y una de las fundadoras de [Las] de Sistemas, una comunidad feminista que trabaja para visibilizar y potenciar mujeres, lesbianas, trans y no binarias en la ciencia de la programación y la tecnología de información. Este año serán las organizadoras de Latinity en Buenos Aires, evento que reunirá a interesadas de toda América Latina. “Necesitamos ser más en la industria. Solo representamos el 20%, por eso damos orientación sobre ofertas académicas y creamos un directorio de especialistas para sortear la excusa ‘no hay mujeres que hablen de’”, señala. Y agrega: “Además, concientizamos sobre los sesgos de género de los softwares desarrollados por hombres”, que no es un tema menor, puesto que las tecnologías pueden convertirse en amplificadores exponenciales de desigualdades de género. Lo mismo ocurre en los mensajes publicitarios con la reproducción de estereotipos. En este ámbito, pusieron manos a la obra desde Publicitarias.org en 2017. “El 79% del consumo lo manejamos nosotras, pero solo ocupamos el 11% de las direcciones creativas. Buscamos más diversidad en los equipos, no solo más paridad sino más heterogeneidad de clase, color de piel, identidad de género. Y más perspectiva, porque a veces hay avisos muy violentos hechos por equipos de mujeres”, explica Melanie Tobal (30), fundadora y directora general.

Se trata de un cambio de las concepciones generales sobre las relaciones entre varones y mujeres en cada espacio público y privado. Y esto recién comienza. “‘Mal de muchos, consuelo de tontos’ es una gran mentira porque de ahí surge la solidaridad, la creatividad, la contención. Si recién te divorciaste, vas a estar mejor con mujeres en tu situación, lo mismo si estás enamorada o acabas de parir. No es una cosa genética, sino de construcción social y cultural –concluye Kochen–. La fuerza que tiene la paridad, la hermandad, es imbatible, en cualquier aspecto de la vida”. 

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